PANAMÁ Y AMERICA CENTRAL
La construcción del
ferrocarril transístmico (1850-1855), el intento de abrir un
canalinteroceánico por parte de los franceses (1880) y después la
definitiva construcción delmismo por los norteamericanos (1904-1914)
atrajo a Panamá una gran masa detrabajadores desde Europa, Asia y las
Antillas
Este hecho diferencia a la república delIstmo
(que recién se constituye como tal, al independizarse de Colombia, en
1903) de lospaíses vecinos, como la propia Colombia, Venezuela y América
Central, desde el punto devista de la historia del movimiento obrero.
En una primera etapa, cuando las obras delcanal estaban en manos de los
franceses, arribaron unos 20.000 obreros, la mayoría deellos
provenientes de Europa (España, Francia, Italia, etc.); en la segunda,
al pasar laempresa a manos norteamericanas, llegaron unos 40.000
originarios de América Centraly, sobre todo, de Jamaica y las islas
inglesas del Caribe. Con estos trabajadores, yparticularmente con los
europeos dice Jorge Turner llegó también a Panamá la semillade la
conciencia de clase y del anarcosindicalismo.
. Quienes más se
destacaron allí «porsu capacidad organizativa y combativa fueron,
precisamente, obreros libertarios de origenespañol»
.
Ya en el periodo de la construcción del ferrocarril se produjeron
algunashuelgas por aumento de salarios y mejoramiento de las condiciones
de trabajo (que eranextraordinariamente deplorables y provocaban
enfermedades y no pocas muertes entrelos obreros). En 1895, durante los
trabajos emprendidos por la compañía francesa para laapertura del canal,
estallaron también varias huelgas, que lograron un relativo éxito
yfueron promovidas, al parecer, por anarquistas europeos.En 1905, en
época de los norteamericanos, el general George W. Davis, gobernador
dela zona del canal, puso especial cuidado en impedir toda contratación
de obrerosanarquistas. En 1907, sin embargo, dos mil trabajadores
españoles, alentadosindudablemente por connacionales anarquistas que con
ellos laboraban, llevaron adelanteuna huelga no carente de episodios
violentos en pro de aumentos salariales.El espíritu combativo insuflado a
la clase obrera de Panamá por los anarcosindicalistasexplica el hecho
de que, al ser regulada la inmigración, con la ley 72, del II de junio
de1904, el artículo 5 prohibiera la entrada de anarquistas al país.
Al
margen, casi siempre, de la Federación Obrera, central amarillista,
cuya fundaciónhabía propiciado en 1921 el presidente liberal Belisario
Porras, los anarquistas siguieronluchando entre los obreros panameños
(no sin hacer adeptos entre ellos) y en 1925promovieron una huelga de
inquilinos (tal como lo habían hecho los anarquistasargentinos,
chilenos, brasileños y mexicanos).En 1924 un grupo predominantemente
anarcosindicalista fundó el Sindicato General deTrabajadores, que llegó a
contar miles de afiliados. Puede decirse que fue la primeracentral
obrera panameña. En el grupo fundacional figuraban los españoles José
María yMartín Blásquez de Pedro, la polaca Sara Gratz y el peruano
Esteban M. Pavletich (mástarde incorporado a la guerrilla de Sandino).
Entre los panameños había, junto a algunosanarquistas, trabajadores de
otras ideologías, sin que faltaran marxistas como ElíseoEchevez y
Domingo H. Turner, futuros fundadores del Partido Comunista, en
1930.También intervino Diógenes de la Rosa, que sería luego uno de los
líderes del PartidoSocialista, fundado asimismo en 1930.
Entre
los trabajadores llegados de Europa en las dos primeras décadas del
siglo, habíacuriosamente varios individualistas stirnerianos, influidos
por la filosofía de Nietzsche, queveían en el sindicalismo un potencial
enemigo de la ideología anarquista. Constituyeron, de acuerdo con sus
ideas, grupos de afinidad que en 1912 llegaban, según Max Nettlau,
alnúmero de veinte. En 1911 apareció, en Colón, el periódico El Único,
que se autodefiníacomo «Publicación individualista» .En Costa Rica hubo
durante la primera década de nuestro siglo una serie depublicaciones
periódicas que respondían, en mayor o menor medida, a la
ideologíaanarquista. Vladimir de la Cruz nombra entre ellas:
La
Aurora Social, Hoja Obrera, OrdenSocial, El Trabajo, El Amigo del
Pueblo, Grito del Pueblo, La Lucha, El Derecho y La Causadel Pueblo,
cuyo estilo dice «no sólo va insinuando las características del
discursolibertario de esos años, sino que ineludiblemente remite a otras
publicaciones anarquistasde otras latitudes de América Latina e,
incluso, a revistas o semanarios editados enBarcelona y a lo largo de
las zonas levantinas y andaluzas de España». Por el mismo V.de la Cruz
sabemos que el «peligro» anarquista estaba ya presente en Costa Rica en
losúltimos años del pasado siglo, ya que el obispo Thiel alertaba
tácitamente contra él en supastoral del 25 de diciembre de 1892. En 1909
hubo en San José reuniones de protestapor el asesinato de Francisco
Ferrer, iguales a las que en todos los países
latinoamericanosorganizaron, según vimos, los grupos anarquistas. A
fines de ese mismo año se fundó el«Centro de Estudios Sociales
Germinal», cuyos colores eran el rojo y el negro. En élparticipaban
intelectuales como Omar Dengo, Joaquin García Monge, Carmen Lira, y
eldirigente obrero Juan Rafael López.
El 15 de enero de
1911 salió a la luz la revista Renovación, que tenía tendencias
libertarias y era dirigida por el poeta J. M. Zeledón. Deella se
publicaron (cosa bastante insólita) más de sesenta números. Algo después
aparecióen Santiago de Puriscal Le Semeur,periódico anarquista, escrito
en francés. El Sol de Alajuela, sin ser una publicación anarquista,
acogía (y lo siguió haciendo hasta nuestrosdías) colaboraciones de tal
tendencia ideológica en muchas ocasiones. Hacia 1926 sefundó en San José
un grupo específico de acción libertaria. Cabe recordar aquí que en1914
Kropotkin escribió dos cartas al químico costarricense Elías Jiménez
Rojas (que erasin duda un anarquista) para explicar la actitud que había
asumido frente a la guerraeuropea recientemente iniciada, actitud que
no fue compartida por la mayoría de losanarquistas y mereció el
explícito rechazo de figuras como Malatesta, Rocker, EmmaGoldman,
Alejandro Berkman, Sebastián Faure, Dómela Nieuwenhuis, Luigi Bertoni,
etc.Kropotkin explicaba allí su actitud antiprusiana diciendo: «Ustedes
comprenden que ensemejantes circunstancias se necesitarían todos los
esfuerzos para impedir que elimperialismo militar estrangule Europa».
La
influencia de los anarcosindicalistas entre los trabajadores
costarricenses acomienzos de nuestro siglo resulta indudable. «Así, por
ejemplo, en el movimientohuelguístico que en 1905 realizaron los
panaderos con el objeto de alcanzar la jornada detrabajo de ocho horas,
varios anarcosindicalistas españoles tuvieron papeles de liderazgo,entre
ellos Juan Vera, quien a raíz de estos sucesos fue expulsado del país
hacia PuertoRico. A los dirigentes nacionales de este movimiento
huelguístico se les confinó al cuartelde Alajuela». En 1913, por
iniciativa del antes mencionado «Centro de Estudios SocialesGerminal» y
de varias sociedades obreras, se celebró por vez primera en Costa Rica
el 1ºde mayo como Día Internacional del Trabajo y se fundó la
«Confederación General deTrabajadores», que tuvo mucha influencia
durante toda aquella década.
Los primeros sindicatos
salvadoreños, entendidos como órganos de lucha obrera ycomo sociedades
de resistencia, fueron creados también por anarquistas nacionales
yextranjeros. La influencia del anarcosindicalismo español, mexicano y
panameño resultaallí indudable. Elementos anarcosindicalistas
predominaron en la Unión Obrera Salvadoreña, fundada en 1922, y en la
Federación Regional de Trabajadores de ElSalvador, que la siguió dos
años más tarde, aunque a partir de 1929 ésta pasó a serdirigida por
militantes marxistas.
En San Salvador, capital de la
república de El Salvador, funcionaba en 1930 un «CentroSindical
Libertario», que desapareció probablemente dos años más tarde, al
producirse lasangrienta represión de 1932. En este país parece haber
acabado sus días AnselmeBellagarigue, uno de los más combativos
anarquistas franceses de la primera hora, que en1850 publicaba en París
L'Anarchie-Journal
de l'Ordre. Pero no es posible saber sidurante su estancia en El
Salvador o en Honduras, donde vivió antes, trabajando comomaestro,
escribió algo o difundió de alguna manera sus ideas. Nettlau menciona la
revistaliteraria Ricos, aparecida en 1908 en San Salvador, como
publicación influida por las ideas anarquistas. A partir de 1926 se
inició en Guatemala la publicación de Orientación Sindicalista,
periódico que propugnaba una acción sindical directa, al margen de los
partidos políticos yaun contra ellos. Los comunistas promovieron, por
entonces, la fundación de la«Federación Regional Obrera de Guatemala»
(FROG) y comenzaron a editar el periódico
Vanguardia Proletaria.
Pero obreros españoles y peruanos, unidos a grupos detrabajadores y
estudiantes guatemaltecos, fundaron, por su parte, el «Comité Pro
AcciónSindical», que encarnaba las ideas y propósitos de los
anarcosindicalistas. El dictadormilitar de turno acabó en 1937 con el
«Comité Pro Acción Sindical», y, al mismo tiempo,con toda manifestación
pública del anarcosindicalismo y del sindicalismo revolucionario en el
país.
Ya en la última década del siglo pasado se
formaron en Honduras sociedades de ayudamutua, como «La Democracia», que
funcionó desde 1890. Durante la primera década delpresente siglo
empezaron a organizarse, con fines de lucha y defensa social,
lostrabajadores de los enclaves minero y bananero. En marzo de 1909 los
obreros de laRosario Mining Company, empresa norteamericana, se
levantaron en huelga y fueronsangrientamente reprimidos. En julio de
1916 hicieron lo mismo los trabajadores de la Cuyamel Fruit Company.
Másde cuatrocientos de ellos fueron encarcelados en el Castillo de Omoa.
La intervención deanarcosindicalistas extranjeros en estas primeras
huelgas, así como en la organización delas primeras sociedades de
resistencia entre mineros, bananeros y obreros, es casisegura, aun
cuando no siempre resulte fácil aportar datos precisos al respecto.En
Nicaragua se fundó en octubre de 1918 la Federación Obrera Nicaragüense
con lacooperación de varias sociedades obreras y mutuales, tales como la
Sociedad Central deObreros, la Sociedad Unión Zapateros, la Unión de
Panaderos, la Unión de Sastres, etc.,de León y otras de Chinandega,
Granada y Managua.
Las uniones mutuales yartesanales
habían sido manejadas desde sus orígenes por hombres de los dos
partidospolíticos tradicionales, el conservador y el liberal. Algunos
intelectuales pretendieronutilizar la nueva Federación para llegar a
puestos políticos.Militantes obreros constituyeron entonces el «Grupo
Socialista», cuyo órgano, ElSocialista, denunciaba, el 24 de mayo de
1924, esa manipulación. En ese grupo figuraban los trabajadores Leonardo
Velásquez, Alejandro González Aragón, Victor M. Valladares y elpoeta
Apolonio Palacio. Aunque se trataba de militantes honestos, a quienes
sublevabanlas intrigas y politiquerías de hombres como el poeta Salomón
de la Selva, no puedeinferirse de este relativo antipoliticismo una
actitud anarquista o sindicalistarevolucionaria. Eran, a lo sumo,
reformistas o socialdemócratas. Aunque en Leónconmemoró la Federación
Obrera Nicaragüense el 1º de mayo, al grito de ¡Vivan losmártires del
trabajo! ¡Viva la revolución social!, es importante recordar que no lo
hizo sinpedir primero a los patrones que dieran permiso de concurrir al
acto a sus trabajadores. Salomón de la Selva hizo todo lo posible por
vincular a la FON con la ConfederaciónObrera Panamericana (COPA),
organizada por la American Federation of Labor (AFL). El«Obrerismo
Organizado» surgido en 1923 por obra del profesor Sofonias Salvatierra,
sibien criticó la vinculación de la FON con el sindicalismo yanqui, no
pasó nunca delsolidarismo mutualista
y de un nacionalismo liberal
que combatía toda forma deinternacionalismo revolucionario.No puede
decirse, pues, que haya habido en Nicaragua agrupaciones específicas
osociedades obreras anarcosindicalistas, aunque posiblemente
intervinieron libertariosextranjeros (españoles, mexicanos, etc.) en
algunas de las huelgas más importantes comola de los estibadores de
Corinto en 1919. Tampoco podemos pasar por alto la simpatía deSandino
hacia el anarquismo hispano, del cual se sentía más cerca que del
marxismo-leninismo y del cual tomó, según parece, los colores de su
bandera.
LAS ANTILLAS Y CUBA
En
Puerto Rico, colonia española hasta 1898 (y desde ese año colonia
norteamericana),las ideas anarquistas no tuvieron tanto eco como en
Cuba, pero cabe suponer quemilitantes peninsulares llegaron a la isla y
emprendieron allí tareas de agitación ypropaganda por lo menos desde la
década del 80. Es cierto que las primerasorganizaciones artesanales,
surgidas durante el quinquenio liberal (1868-1873), fueroncasinos,
sociedades de socorros mutuos y cooperativas de producción, que contaron
con elvisto bueno de las autoridades y hasta con el auspicio de la
clase propietaria.
En 1894 y 1895, la crisis monetaria,
con la consiguiente devaluación que provocó unsúbito aumento de
precios, provocó por primera vez una serie de huelgas y
movimientosmasivos de protesta. Es claro que a ello no fueron ajenos
grupos de anarquistas españolesque trabajaban en la isla. En 1898, ya
bajo la dominación norteamericana, fundaronaquéllos (junto con algunos
socialistas) la Federación Regional de los Trabajadores, cuyomodelo era
la Federación Regional Española, ampliamente dominada por
gruposanarcosindicalistas. Su programa aspiraba a eliminar la
explotación del hombre por elhombre y a lograr la total emancipación del
proletariado. Los anarquistas y socialistasde la Federación, basados en
su internacionalismo, «condenaron el nacionalismo de lasclases
propietarias y aspiraron a una sociedad igualitaria y a un mundo sin
fronterassociales». Se negaron, por principio, «a contaminarse en los
regateos coloniales» yconsideraron la cuestión social como algo
enteramente ajeno a la cuestión nacional. Dehecho, la lucha contra el
creciente capitalismo los llevó a asumir, sin embargo, una
actitudanti-yanqui, en la medida en que, cada vez más, «norteamericano»
resultaba sinónimo de«capitalista» (y de fuerza gubernamental, policial y
militar). Así se explica que la actividadlibertaria haya estado aquí
muchas veces mezclada, como en otras partes del Caribe, con
postulaciones de tipo nacionalista. Pero la oposición, típicamente
anarquista, a los partidospolíticos, las elecciones, el parlamentarismo,
etc., hizo que el 18 de junio de 1899 losdefensores de la autonomía
sindical se retiraran de la Federación Regional (cuyopresidente, Rosendo
Rivera García, propiciaba el apoyo al Partido Republicano) y fundaranla
Federación Libre, que se proclamaba fiel a los principios de la Primera
Internacional. Sinembargo, poco después, en septiembre de 1901, se
afilió a la AFL, organizaciónconservadora y antisocialista,
contradicción que los dirigentes Ramón Romero Sosa ySantiago Iglesias,
trataron de explicar alegando la necesidad de «sobrevivir en un
medioeconómico hostil»
Pero los anarquistas siguieron
trabajando en Puerto Rico a pesar deno haber logrado predominar en el
movimiento obrero, tal como lo habían hecho suscompañeros en otros
países de América Latina. Max Nettlau menciona el periódico VozHumana,
que aparecía en Cagues en 1905 y 1906. En lo que toca a la
producciónliteraria del anarquismo (o del para-anarquismo) en Puerto
Rico, dice David Viñas: «SiManuel Zeno Gandía (1855-1930), desde su
perspectiva naturalista 'quiso manejar lapluma a modo de cauterio
social', al escribir la serie de novelas que conforman sus Crónicas de
un mundo enfermo sobre todo en La charca, 1894, y en Garduña, 1896 , ysi
Mariano Abril (1861-1935), intentó bosquejar un panorama de las
tendencias y maticesde la izquierda revolucionaria de su tiempo en
El
socialismo moderno, otros escritorescomo José Elías Levis con su
Estercolero (1900) y Ramón Julia Marín con La gleba (1913),trazan ese
espacio literario que hacia 1900 no sólo rodeó sino que sostuvo el
núcleoespecíficamente anarquista. Pivote que desde ya se iba definiendo
por la permanenteinfluencia libertaria de origen español, y que si a lo
largo del predominio político delMadrid de la Restauración se perfiló en
su actividad denuncialista de los Cánovas y de losSagasta, después de
'la toma de posesión' de la isla por parte de Estados Unidos
secaracterizó cada vez más por el duro cuestionamiento del imperialismo
norteamericano:constante que fue desplazando a los libertarios
puertorriqueños a acercarse a los vocerosy militantes de la IWW. Luis
Bonafoux (1855-1925), en este orden de cosas, puede serconsiderado como
uno de los nexos más activos entre sus simpatías libertarias (que
lollevan a ser expulsado de Puerto Rico por las autoridades españolas),
su camaradería conlos rubenianos y su actividad periodística que culmina
con la fundación y dirección de LaCampaña; periódico que si sale a la
calle en 1898, contaba entre sus colaboradores europeos a Malatesta,
Tarrida del Mármol, Sébastien Faure y otros anarquistas quediseñan
pautas teóricas decisivas para ese movimiento político»
No
cabe dudar de la existencia de una propaganda ácrata en la República
Dominicana,llevada a cabo por trabajadores inmigrantes españoles, en las
dos últimas décadas delsiglo XIX. Asociaciones mutualistas de artesanos
surgieron en esta época (como, porejemplo, en 1884, La Alianza Cibaeña y
la Sociedad artesanal Hijos del Pueblo, en 1890),pero la primera
organización sindical parece haber sido la Unión de Panaderos de
SantoDomingo, fundada en 1897. Hacia esta época se producen asimismo las
primeras huelgas,como la de panaderos, zapateros y albañiles, que
incluyó un mitin de protesta contra losrespectivos patronos en el parque
Colón, y la de los obreros que construían el ferrocarrilPuerto
Plata-Santiago, en 1896. Es muy probable que obreros anarquistas
hayanpromovido estos primeros movimientos huelguísticos, aun al margen
de cualquierorganización sindical. El 15 de mayo de 1920 se reunió en
Santo Domingo el PrimerCongreso de Trabajadores Dominicanos, del cual
nació la Confederación Dominicana delTrabajo (CDT), que reivindica la
jornada de ocho horas, el derecho de huelga, laindexación salarial, la
participación en las ganancias, etc., y exige el fin de la
ocupaciónnorteamericana del país
Durante la década del
20 surgieron la Federación Local delTrabajo de Santo Domingo, formada
por treinta y un gremios y la Unión Regional de Obreros del Este. En
enero de 1946 estalló una gran huelga que se extendió a todos los
centralesazucareros de La Romana y San Pedro de Macoris, en la cual
colaboraron algunosanarquistas españoles llegados al país pocos años
antes, tras la derrota de la República.Estos exiliados (muchos de los
cuales se trasladaron luego a México u otros paíseslatinoamericanos) no
perdieron ocasión de dar a conocer allí sus ideas. Entre ellos estabael
Dr. Pedro Vallina, «singular anarquista, mezcla de Bakunin y de San
Francisco deAsís. Una década antes había llegado también a la República
Dominicana el Dr.Goldberg, médico alemán, fundador de una colonia
orientada por ideas anarquistas enBerlín. Después de verse obligado a
huir de su país por la barbarie nacionalsocialista, llegóa Córcega, y
desde allí pudo arribar a la República Dominicana, en una de cuyas
apartadasy selváticas comarcas, estableció a su gente.
.En
1865 funcionaba en la colonia francesa de la Martinica una sección de
laInternacional, en la cual predominaban los grupos proudhonianos. Por
el informe delConsejo General del Congreso de Lausanne, septiembre de
1867, sabemos que tambiénexistía una rama de la Internacional en 1866 en
Guadalupe (otra isla francesa), la cualpara esa fecha ya no pagaba más
cotización. En Haití el socialismo apareció, en la década de 1930, «en
el marco de una luchanacionalista, ideológica y política contra la
dominación norteamericana». El PartidoComunista, nacido en 1934, rompió
con el nacionalismo burgués y con el viejonacionalismo negrista del
siglo XIX y procuró vincular el antiimperialismo con la lucha declases.
Es
difícil decir si hubo, antes o después, grupos anarquistas, aunque la
influenciacultural francesa no pudo dejar de difundir, desde el siglo
XIX, las ideas de Proudhon y delos anarcosindicalistas de la CGT. Por
otra parte, el país que el 23 de agosto de 1791presenció el estallido de
la primera gran sublevación de los esclavos negros y, dos añosmás
tarde, la primera emancipación general de los mismos (decretada por
Sonthonax), elprimer país latinoamericano que proclamó, en 1804, con
Dessalines, su independencia,fue el que más largas y constantes
dictaduras padeció en su historia, hasta culminar ennuestros días con el
duvalierismo, ese «fascismo del subdesarrollo», lo cual noconfiguraba
sin duda un ambiente propicio para el desarrollo de un movimiento
libertario,aun cuando haya suscitado sentimientos de rebelión y de odio a
la tiranía en muchosindividuos.Cuba, la última de las colonias
americanas de España, estuvo más estrechamentevinculada que ninguna de
las repúblicas hispanoamericanas, con la vida política y culturalde la
metrópoli. La influencia del socialismo utópico español se dejó sentir
en la isladurante la primera mitad del siglo XIX; la del anarquismo
durante la segunda.«Por toda la América de lengua española circularon en
el siglo XIX muchos textos quese ocupaban del socialismo utópico para
atacarlo, criticarlo o excomulgarlo desde el puntode vista del
catolicismo peninsular, uno de los baluartes del ultramontanismo
clerical»
.Ejemplo de ello podrían ser los artículos escritos por
el filósofo Jaime Balmes en 1844,publicados en el periódico La Sociedad
de Barcelona y el famoso Ensayo sobre elcatolicismo, el liberalismo y
el socialismo de Donoso Cortés, en 1850. Todos estosescritos,
reproducidos y comentados en América Latina y particularmente en Cuba,
nopudieron impedir, sin embargo, la llegada del pensamiento socialista
utópico, en años bastante tempranos.Ramón de la Sagra, nacido en 1798 en
La Coruña, sociólogo, agrónomo, economista,geólogo, botánico,
matemático, estadístico, etc., a quien Manuel Casas llama«enciclopedia
viviente», llegó a La Habana en 1823. Allí enseñó mineralogía,
sedesempeñó como director del Jardín Botánico, fundó en 1827 los Anales
de Ciencias,Agricultura, Comercio y Artes y publicó libros sobre
múltiples materias. Después de viajarpor Estados Unidos y Europa fue
elegido dos veces diputado. En 1840 comenzó a estudiarlas obras de
Proudhon. Y a través de una incesante actividad literaria procuró poner
suciencia al servicio del socialismo. De él dice Azorín, en su ensayo Un
ideólogo de 1850, publicado en 1919: «Deseaba la ciencia como ideal
para la Humanidad, como socializadorade la Humanidad»
Su
interés por Cuba y por América Latina no declinó a lo largo de suvida.
Entre 1844 y 1850 publicó en París una monumental Historia física,
política y naturalde la isla de Cuba, en trece tomos. Ramón de la Sagra
fue el más original de lossocialistas utópicos españoles, aun cuando
Núñez de Arenas opine que sería mejorllamarlo «reformador social», y
Elorza diga que era más un «utópico social» que un«socialista utópico».
En su obra se advierte primero la influencia del
saintsimonianoConstantin Pecqueur. En 1848 colaboró con Proudhon y en
1849 publicó El Banco delPueblo,donde explica el sentido y origen de la
institución proudhoniana, pero ya en 1845había fundado en Santiago de
Compostela un periódico desde el cual difundía ciertas ideasde Proudhon.
Sin embargo, parece un tanto exagerado considerarlo, con Max
Nettlau,como el primer anarquista español, cuando se tiene en cuenta su
negación de laasociación obrera (que consideraba fuente de conflicto
social), que buscaba una sanciónreligiosa para la sociedad del futuro,
que poco a poco se fue inclinando (bajo la influenciadel barón de
Colins) a posiciones neo-conservadoras, hasta el punto de condenar
enbloque, 1858, al socialismo español, desde las páginas del periódico
absolutista LaEsperanza.
.
La primera huelga importante
entre los obreros tabaqueros se produjo en La Habana en1866 y en aquel
mismo año apareció el primer periódico proletario,La Aurora, fundadopor
Saturnino Martínez
. Ya a partir déla crisis de 1857,
se habían organizado sociedadesde socorros mutuos, sobre todo entre los
obreros tabaqueros, los matarifes y los delArsenal, pero en la década
del 60 avanzaron hacia la organización clasista, y gracias a laacción
del ya mencionado Saturnino Martínez surgió en 1866 la Asociación
deTabaqueros. En una carta del 23 de junio de 1873, el obrero mallorquín
franciscoTomás decía que la Federación Regional Española no contaba con
ninguna informaciónsobre las secciones de Cuba. Sin embargo, a partir
de 1881 las relaciones se hicieron frecuentes.Los primeros obreros que
se organizaron en sociedades de resistencia y en sindicatospropiamente
tales fueron, en general, españoles que trabajaban en la industria
tabacalera.Su ideología era, sin duda, anarquista o se inclinaba por lo
menos a alguna forma delsindicalismo revolucionario. José Rivero Muñiz
anota que en esta época «las doctrinassocialistas aparecen relegadas a
segundo término mientras que los ácratas ocupan el primer plano». Y
añade enseguida: «Nadie habla de Marx ni de Engels, y mucho menos
deOwen, Fourier y demás precursores del socialismo, pero en cambio los
nombres deBakunin, Malatesta, Kropotkin, Reclus y Anselmo Lorenzo no son
desconocidos entre losobreros cubanos y españoles que trabajan en las
tabaquerías donde a diario son leídas ycomentadas sus respectivas
producciones» Esas lecturas fueron iniciadas, como diceAnnie
Rottenstein, por el mismo Saturnino Martínez. Los primeros grupos
anarquistas seconstituyeron hacia 1880, y desde las páginas del
periódico El Obrero iniciaron la lucha contra el reformismo de Saturnino
Martínez que, según las palabras de Enrique Roig SanMartín, ataba a los
obreros «a los pies del capital»
El mismo Roig San Martín inició enLa Habana, en 1887, la publicación del periódico anarquista
El
Productor, contemporáneode su homónimo barcelonés. A partir de 1890
siguió editándose en Guanabacoa. Roig SanMartín, como muchos anarquistas
(entre los cuales Carlos Cafiero) leyó y comentó ElCapital de Marx,
pero no se le puede considerar, con Fabio Grobart, como «anarquista
entransición al marxismo».En 1855 se fundó un Círculo de Trabajadores y
dos años más tarde se reunió en LaHabana un primer Congreso Obrero
Local. En 1892 tuvo lugar el primer Congreso ObreroRegional, al que
concurrieron 74 delegados de toda la isla y en el cual la
influenciaanarcosindicalista fue ampliamente dominante. «Tras largas e
intensas discusiones, elCongreso acordó, entre otras cosas, luchar por
la jornada de 8 horas a través de la huelgageneral; organizar a los
obreros de cada población de la isla en secciones por oficios
oprofesiones, las que integrarían una sociedad en cada pueblo y el
conjunto de cuyassociedades formaría la Federación de Trabajadores de
Cuba. Consecuentes con losprincipios del anarquismo, acordaron que cada
sección tuviera plena autonomía dentro dela sociedad general de que
formara parte. Expresión de la creciente madurez delproletariado fue el
hecho de que se abordara el problema de la discriminación del
negro,adoptándose acuerdos de combate contra ese grave mal»
.En
1893 llegó a Cuba el tipógrafo catalán Pedro Esteve, uno de los más
activosmilitantes anarquistas de habla española en los Estados Unidos, y
en 1898, el conocidoperiodista Palmiro de Lidia (Adrián del Valle),
quien el año siguiente inició la publicación de El Nuevo Ideal. Por
invitación suya se trasladó a Cuba, a finales de febrero de 1900,Enrique
Malatesta, el cual por entonces recorría los Estados Unidos en viaje
depropaganda. El 1º de mayo pronunció en La Habana una conferencia sobre
Libertad ycivilización.
Pocos días más tarde,
hostilizado al parecer por las autoridades de laintervención yanqui,
debió reembarcarse para Nueva York, desde donde viajó enseguida
aLondres. «El 1º de mayo de 1890, más de 3.000 trabajadores desfilaron
desde el Campode Marte hasta el Skatin Ring, en el centro de la ciudad
de La Habana, donde más de 15oradores se expresaron a favor de la
jornada de 8 horas y denunciaron las condiciones demiseria y abusos que
sufrían los obreros. Se reiteró la necesidad de la unidad y
lasolidaridad de todos los trabajadores, sin que faltaran los
planteamientos anarquistas,ideas sustentadas por los principales
organizadores del acto. Es importante señalar que eneste acto se
denunció la discriminación racial, al reclamarse la igualdad de derechos
entrenegros y blancos»
Las huelgas se multiplicaron en la década del 90, y consecuentemente se incrementó larepresión.
El
Productor fue clausurado y sus redactores anarquistas encarcelados. En
1892la policía invadió el Círculo de Trabajadores y cerró la Junta
Central de Trabajadores. En1893 los anarquistas fundaron la Sociedad
General de Trabajadores. En 1896 promovieronuna gran huelga portuaria en
La Habana.Durante la segunda guerra de independencia los obreros
anarquistas apoyaron a Máximo Gómez, «con mucho mayor entusiasmo que
cualquier otro grupo social», segúndice Víctor Alba. Enrique Messonier,
anarquista de activa trayectoria en Cuba, recaudabafondos para la
guerra. El mismo Martí demostró más de una vez su simpatía por
losanarquistas y su afinidad con las ideas por ellos defendidas.Entre
1890 y 1905 se publicaron en Cuba numerosos periódicos anarquistas, como
ElSocialismo, El Trabajo, Hijos del Mundo, La Alarma, Germinal,etc., en La Habana; ElProductor
(segunda
época) en Guanabacoa;El Trabajo en Puerto Príncipe, etc. En lacapital
se fundó también, en 1894, el Archivo Social, que editaba una serie de
pequeñaspublicaciones literarias y sociológicas, de contenido
libertario, y La Defensa, órganogremial de los torcedores de tabaco,
mayoritariamente anarquista.
Más tarde, entre1905 y
1914, salieron, en La Habana, El Libertario, La Batalla, Via Libre, y,
en Regla, Rebelión, que se subtitulaba «Semanario anarquista». Pero,
antes de seguir adelante,es preciso dejar en claro la actuación de los
anarquistas en la lucha por la independenciade Cuba. Dice a este
propósito Frank Fernández, en Guángara Libertaria:
«...losanarquistas
participaron junto con Martí en la creación de ligas y clubs en la
emigración yel propio Marti los toma de base para la fundación del PRC,
después de los acuerdos quetomaron los ácratas en el congreso del 92. No
se trataba de un partido político a la usanzatradicional del
electoralismo vigente, sino de un partido revolucionario, como lo decía
sunombre, que se utilizaría en agrupar al mayor número de combatientes
para llevar laguerra a Cuba... Martí construyó otro tipo de partido, sin
duda influenciado por suscolaboradores más cercanos o como una
concesión a los anarquistas, hombres humildes ytrabajadores. Su visión
era clara: 'ordenar de acuerdo con cuantos elementos vivos yhonrados se
le unan en una guerra generosa y breve'. Ciertamente esta idea
norepresentaba a intereses clasistas o económicos de ningún grupo, como
había ocurrido enla Guerra de los Diez Años, sino a los elementos más
pobres y populares, desposeídos,marginados y discriminados racial y
socialmente: negros, obreros, campesinos, etcétera».En el partido de
Martí no eran los líderes quienes aportaban el dinero sino las
basesespontáneamente; era además un partido descentralizado, formado por
diversasorganizaciones que estaban de acuerdo con un programa, en el
cual se contemplaba lacreación de una república donde estuvieran
ausentes «el espíritu autoritario y lacomposición burocrática de la
colonia». Martí requirió la colaboración de los núcleos másnumerosos y
capaces de la emigración cubana, entre ellos a los anarquistas.
«Lasrelaciones de Martí y los anarquistas se mantuvieron cordiales y
estos se prestaron acolaborar con entusiasmo. En agosto de 1892 Marti le
escribe a Serafín Bello: «Vale lapena la carta de Messonier y hablaré
de ella», Messonier informaba a Marti por carta de losucedido en el
congreso del 92. En el mes de mayo de 1894 se refiere Martí al
anarquistaMessonier de nuevo, esta vez en Patria, que ya se publicaba en
la emigración: «Oradorestiene Cuba y hombres de período robusto y
natural, vibrantes como la piedra deldestierro; a modo de sol, esplende
ante ellos la justicia, y cautos y lentos a su hora comoquien edifica.
Así es Enrique Messonier». Y más adelante, en caria a éste: «Mi
amigoMessonier... nada me aturde ni me desvía, fundaremos la casa del
amor». A José JoaquínIzaguirre, fundador del club anarquista «Enrique
Roig San Martín», lo llamaba Marti «eldel fuego evangelista», que
entusiasmaba a todos». Y, comentando la fundación de dichoclub: «Vibra y
gime de dolor por el hombre mucha alma cubana en el Club Enrique
Roig».El anarquista Ramón Rivero y Rivero fue otro de los fundadores del
PRC Martí lo estimabacomo amigo y lo llamaba «corazón puro, rico y
ardiente, y razón cauta». En la emigraciónlos anarquistas cubanos
fundaron asimismo el «Club Fermín Salvochea», cuyo nombrerecordaba al
anarquista andaluz que simpatizaba con la causa de Martí y de
laindependencia, y los periódicos El Esclavo en Tampa, y El Despenar en
Brooklyn, en 1894.Los ya mencionados Pedro Esteve y Enrique Malatesta,
al hablar a los obreros cubanosde Estados Unidos, no dejaban de
favorecer la causa de la independencia, hechomaliciosamente silenciado
por la mayoría de los historiadores. Otros anarquistas cubanosque
participaron en los trabajos del P.R.C. fueron: Ramón Santana, Teodoro
Pérez, Juande Dios Barrios, Francisco María González, Ángel Peláez,
Gualterio García, José Dolores
Poyo, Pablo Rousseau,
Pastor Segada, Luis M. Ruiz, García Purón, González Acosta yAmbrosio
Borges. Carlos Benigno Baliño, que en aquella época era anarquista,
aunquedespués pasó al marxismo, también formaba parte de los
independentistas, amigos deMartí. En 1889 había fundado
La
Tribuna del Trabajo,cuyos artículos fueron a vecesreproducidos en El
Productor de Roig San Martín. En un discurso que pronunció en Tampa,el
10 de octubre de 1892, trataba de mostrar la compatibilidad del
anarquismo con el idealde la independencia nacional, citando a su favor
las opiniones de Dyer D. Lum,«anarquista, amigo y confidente de
Parsons», del anarquista alemán Justus H. Schwab ydel ya mencionado
Pedro Esteve. Más aún, apelaba al ejemplo de Bakunin y de Fanelli,que
habían luchado por la independencia de Polonia. Pocos días más tarde, el
7 denoviembre, Marti reproducía ese discurso en Patria.
Cuando,
en agosto de 1893, losempresarios tabacaleros de Tampa y Cayo Hueso
intentaron rebajar los salarios, losobreros, encabezados por los
anarquistas, declararon la huelga. Los patronos, enconnivencia con las
autoridades coloniales españolas, trajeron de Cuba rompehuelgas. ElPRC
encargó al abogado Horatio Rubens, amigo de Marti, la defensa de los
huelguistas, yéste logro probar la ilegalidad de la maniobra patronal.
En
agosto y septiembre de 1899 los albañiles, llevaron adelante la primera
huelgageneral, cuyo objetivo era la implantación de la jornada de ocho
horas. Esta huelga,inspirada y promovida en gran parte por los
anarquistas, fue violentamente reprimida porel gobierno militar yanqui y
no logró sus propósitos. Otra huelga importante fue la de
losaprendices, en reclamo por el cese de la discriminación contra los
jóvenes cubanos quedeseaban trabajar en la industria tabacalera. Durante
la segunda intervenciónnorteamericana, entre 1906 y 1909, hubo 28
huelgas, todas reprimidas y casi todas perdidas.En 1902, Abelardo
Saavedra y Francisco Sola fundaron el periódico Tierra, que en
1904promovió un boicot contra la importación de carne de la Argentina,
esa «Rusiasudamericana», donde los anarquistas son perseguidos y
desterrados. Adrián delValle, había fundado, a su vez, en 1899 El Nuevo
Ideal, y escribía un ensayo sobreKropotkin (que sería publicado en
Buenos Aires en 1925), del cual dice Max Nettlau que«tiene puntos de
vista muy notables»
Aunque vivía en Europa, el cubano
Tarrida delMármol era durante esta época uno de los más notables
ideólogos libertarios, y proponía,por encima de las disputas entre
comunistas, colectivistas, individualistas, etc., quedividían al
movimiento internacional, un «anarquismo sin adjetivos». En francés
publicó Les Inquisiteurs d'Espagne (1897).
En 1899,
durante la huelga de los albañiles, se fundó la Liga General de
TrabajadoresCubanos, integrada por trabajadores tabacaleros provenientes
de Tampa y Cayo Hueso,cuyos guías eran los anarquistas Ramón Rivera y
Rivero, Ambrosio Borges, José Rivas yEnrique Messonier. Estos empezaron a
editar Alerta y allí sacaron una «Declaración dePrincipios» que, entre
otras cosas, proponía la total igualdad de los cubanos y losextranjeros
que trabajaban en Cuba.Un anarquista italiano que tuvo mucha actuación
política en Cuba durante los primerosaños de este siglo, fue Orestes
Ferrara. Nombrado secretario del gobierno civil de SantaClara por el
general José Miguel Gómez, tuvo una serie de conflictos con
losnorteamericanos, y se enfrentó a muchos de sus funcionarios desde el
teniente CordellHull hasta el procónsul Wood. En 1901 fue designado
gobernador sustituto de la provinciade Santa Clara, y en su calidad de
tal, conmovido por la miseria de los campesinos y porla abismal
desigualdad entre peones y terratenientes, obreros y capitalistas, se
propuso traer una solución, aunque fuera provisoria y parcial. «Había
que redimir a Cubaaumentando los salarios, a pesar de los pesares dice
en sus Memorias. Me puseentonces a la cabeza de un movimiento de este
género». Los patronos de Cienfuegos sedejaron convencer; los de Sagua la
Grande no, y Ferrara decidió apelar entonces a laagitación. «Así, el
anarquista Ferrara, gobernador de la provincia por
sustituciónreglamentaria, Coronel del Ejército Libertador, respaldado
por las tropas y por el pueblo,armado de fusiles y de ideas, se
convierte en un agitador en el mejor estilo bakuninista,en defensa de
los obreros oprimidos y los campesinos hambrientos, y en contra de
losricos tenderos españoles e industriales de la zona y una compañía de
ferrocarrilesingleses. Los obreros declaran una huelga y Ferrara se hace
solidario y los apoya. Estecuadro impresionista, con más
contradicciones y complicaciones que sapos en un pantano,era típico de
una sociedad injusta legada por la colonia y mantenida por el
gobiernointerventor y nos da una muestra de la situación social de la
época»
Naturalmente elprocónsul Wood no pudo tolerar
aquello y Ferrara, acusado por los ingleses de «agitadorde oficio y
anarquista», (en lo cual tenían razón), debió irse de Cuba. Los
anarquistas, através de sus periódicos Tierra y Alerta,estuvieron entre
los muy pocos que se atrevierona protestar contra la enmienda Platt,
impuesta a Cuba en 1901. Pero Estrada Palma y losgobernantes de la
flamante República no dejaron de reprimir las huelgas, los
movimientosobreros y las actividades de propaganda ácrata.Así sucedió en
la antes mencionada huelga de los aprendices, cuando el 24 y 25
denoviembre de 1902 la guardia rural dejó dos muertos y decenas de
heridos entre losobreros huelguistas. Por primera vez en la historia de
Cuba los anarquistas lograronorganizar a los trabajadores rurales en la
Federación Obrera Local de Villa Clara. Prontopromovieron huelgas en los
campos y centrales azucareros. Y pronto tuvieron también susprimeros
mártires: Casañas y Amado Montero en 1903, pero no sin haber
conseguidoparalizar el central Caracas, el más grande del país en ese
momento. En la huelga de losescogedores de tabaco de Yaguajay, realizada
un poco más tarde durante casi un mes,quedaron tres obreros muertos; en
la del central Narcisa fueron estrangulados el cubanoHipólito Rojas y
el español Antonio Cendán
Desde el 20 de febrero al 20
de julio de 1907 estalló una huelga de tabacaleros queexigían el pago
de sus salarios en dólares, dada la devaluación de la peseta. En
esemismo año y en el siguiente se produjeron asimismo huelgas entre los
ferroviarios,organizados por los anarquistas del Comité Federativo,
entre los tabacaleros, etc. Duranteel periodo presidencial de José
Miguel Gómez, entre 1909 y 1913, las huelgas semultiplicaron, al dejarse
sentir más el peso del capitalismo norteamericano. La mayoría deellas
fueron promovidas por los anarquistas y reclamaban aumentos de salarios,
jornadade ocho horas, mejoramiento de las condiciones laborales, etc.
En 1911 se produjo lahuelga de los trabajadores del alcantarillado; en
1912 la de los ingenios azucareros de laprovincia de Oriente, ferozmente
reprimida por Gerardo Machado, entonces secretario dela Gobernación.
«El recrudecimiento de la actividad huelguística, la extensión de las
luchasal sector azucarero, el crecimiento del espíritu solidario entre
los obreros y la evidenteexperiencia que iba adquiriendo el
proletariado, motivaron el reforzamiento de la represióngubernamental y
la aparición de nuevos métodos antiobreros. Entre éstos se destacabanla
expulsión de los obreros extranjeros y la utilización de organizaciones
amarillas y derompehuelgas»
Eran los mismos métodos
usados en Argentina y Brasil (Ley deResidencia, Ley Adolfo Gordo,
formación de sindicatos pro gubernamentales o católicos,etc.).El
gobierno conservador del general Mario García Menocal (como otros
gobiernosconservadores latinoamericanos antes y después) asumió una
actitud demagógica y, a fin de frenar el ímpetu combativo de los
trabajadores, creó una «Asociación Cubana para laProtección Legal del
Trabajo», nombró vicepresidente de la misma al dirigente reformistaPedro
Roca y convocó a un Congreso Obrero. «La convocatoria de este congreso
encontróla oposición frontal de los anarcosindicalistas, debido al
carácter oficial del evento»
Al estallar la guerra
mundial en agosto de 1914, cerraron en Cuba muchas fábricastabacaleras,
miles de obreros quedaron desocupados y un comité creado por
losanarquistas organizó en La Habana la marcha del hambre. Al mismo
tiempo se desató unainflación que llegó al 100%, escaseaban los
artículos de consumo, los salarios apenassubieron un 30%, y la clase
obrera fue más vigilada y reprimida que antes, so pretexto delestado de
guerra. Las huelgas, al frente de las cuales estaban siempre los
anarquistas, no dejaron deproducirse en todo el país. Se trataba de
defender el salario, de lograr una disminución delcosto de los artículos
de primera necesidad, de impedir la importación, desde las
vecinasAntillas, de trabajadores con salarios de hambre y la
implantación del servicio militar.Entre 1917 y 1920 estallaron no menos
de 220 huelgas. «En 1917 los anarcosindicalistas predominaban en las
organizaciones obreras, cuyos principales dirigentes sustentabanesta
ideología. Alfredo López, líder anarcosindicalista de los tipógrafos, se
destacaba comoluchador por la organización y unidad de los obreros y
desempeñó un importante papel enla constitución del Sindicato General de
Obreros de la Industria Fabril, organización querompió con la vieja e
ineficiente estructura gremial que impedía los contactos estrechosentre
los trabajadores de un mismo centro y los debilitaba frente a la
patronal. Aunque enesa época comenzaba a distinguirse Alejandro
Barreiro, dirigente de los cigarreros, que en1918 militaba con Carlos
Baliño y José Peña Vilaboa (dirigente del gremio de pintores) enla
Agrupación Socialista de La Habana, en este período el movimiento obrero
va a estardominado por los anarquistas»
En febrero de
1915 Fernando Iglesias convocaba en Cruces una huelga de
lostrabajadores azucareros por las 8 horas y aumento salarial del 25%. Y
aunque elmovimiento abortó (por haber sido encarcelado el mismo
Iglesias), pronto estallaron otrasvarias huelgas en ingenios azucareros
y, particularmente, en el central Soledad(perteneciente a la empresa
norteamericana Guantánamo Sugar), que reclamaba el cesedel pago en vales
y que fue violentamente reprimida, no sin intervención del cónsul
yanquicon una banda de gangsters. En 1917 tuvo parecida fortuna la
huelga azucarera de SantaClara. «Menocal intentó justificar la represión
mediante una campaña de la prensaburguesa que denunciaba la existencia
de una conspiración anarquista contra la pazpública. Así se justificaba
la prisión y expulsión de los obreros españoles acusados deanarquistas, a
principios de 1915. La prensa obrera anarquista fue ilegalizada y la
policía yel ejército intensificaron la persecución y represión de las
actividades obreras»
.A la Asociación de Tipógrafos de
La Habana, uno de los gremios más activos, pertenecíael ya mencionado
Alfredo López, «hombre de extracción proletaria, nacido en los
primerosaños de la pasada década de los noventa en la ciudad de
Camagüey, organizador ymilitante desde su juventud de la causa
anarconsindicalista, verdadero orientador de laclase trabajadora de
Cuba, inevitablemente recordado todavía en la isla como el precursordel
sindicalismo libertario en este siglo... (que), ya en 1919, era
perseguido por larepresión de García Menocal, cuando la inquietud
laboral de La Habana había hechocrisis»
Alfredo López y
otros anarquistas cubanos apoyaron la Revolución de Octubre, como lo
hicieron muchos anarquistas en toda América Latina, pero, como la
mayoría deéstos, después de la supresión de los consejos obreros y de la
instauración del«centralismo democrático», después de Kronstad y de la
liquidación de las guerrillas ucranianas de Makhno, se dieron cuenta de
que aquella revolución nada tenia que ver yacon su propia idea del
socialismo libertario. Los torcedores de tabaco de La Habana y Pinardel
Río convocaron un Congreso Obrero Nacional, que se reunió con la
presencia de 120delegados, entre el 14 y el 16 de abril de 1920. Entre
otras cosas resolvió convocar unareunión con el fin de preparar la
creación de una central obrera nacional. Dicha reunióntuvo lugar el 26
de noviembre de aquel mismo año, con la representación de 18sindicatos.
Un anteproyecto de reglamento, presentado por la Federación Obrera
Local,fue aprobado y mandado luego a todos los sindicatos del país para
su discusión y eventualaprobación. El 29 de abril de 1922 se constituyó
la Federación Obrera de La Habana(FOH), que incluía 21 sindicatos. Su
primer secretario general fue el anarquista AlfredoLópez y su primer
secretario de finanzas el también anarquista Alejandro Barreiro.
Ennombre de la FOH convocó Alfredo López en diciembre de 1924 un
congreso a fin deadelantar los trabajos previos para fundar la
Confederación Nacional Obrera de Cuba. Estecongreso convocó, a su vez,
otro, que se desarrolló en febrero de 1925, en Cienfuegos,con la
concurrencia de 105 delegados (en representación de 75 sindicatos).Entre
ellos estaban Alfredo López, Barreiro, Penichet, Antes, García, V.
Rodríguez,Rafael Serra, Manuel Deza, Emilio Rodríguez, J. Villasuso, M.
Landrove y José RiveraMuñiz, todos o casi todos anarquistas. Se declaró
que la futura Confederación, de acuerdocon los principios del
anarcosindicalismo, seria ajena a todo partido político y a todo tipode
contienda electoral
Según Víctor Alba, los
anarcosindicalistas controlaron laConfederación Nacional Obrera de Cuba
desde 1929 hasta 1935, pero en realidad yahacia 1930, al final del
gobierno de Machado, los comunistas habían asumido la direcciónde la
misma, aunque no la de la F.O.H. En el congreso preliminar de Cienfuegos
habíaalgunos sindicatos que, aunque tenían cierta influencia del
anarcosindicalismo, eran másbien reformistas, como la Hermandad
Ferroviaria, y unos pocos que se inclinaban almarxismo. Pero los
anarcosindicalistas eran, sin duda, ampliamente mayoritarios,
cuandoentre el 2 y el 7 de agosto de 1925 se reunieron los
representantes de todos lostrabajadores cubanos, en la sociedad Victoria
de Camagüey, para la constitución definitivade la Confederación
Nacional Obrera. Había allí 160 delegados en representación de
82sindicatos (a los cuales se agregarían luego 46 más, formando un total
de 128organizaciones). Entre los delegados anarquistas que sobresalían
por su militancia espreciso recordar, aparte de Alfredo López, a Pascual
Núñez, Bienvenido Regó, NicanorTomás, José M. Govín, Domingo Rosado
Rojas, Florentino Pascual, Luis Trujeda, PaulinoDiez, Venancio
Rodríguez, Rafael Serra, Enrique Varona (preso bajo acusación
deterrorismo en la cárcel de la misma ciudad de Camagüey) y una delegada
de las obrerasanarquistas, Juana María Acosta. Este tercer congreso,
cuyos delegados representaban amás de 200.000 trabajadores de toda la
república, aprobó una serie de acuerdos, emitióuna declaración de
principios, rechazó decididamente la lucha electoral y política
yconfirmó a Alfredo López como secretario general de la Confederación
Nacional Obrera deCuba, nacida así en Camagüey el 6 de agosto de 1925.
La
madurez del movimiento obrero cubano se reflejó, sobre todo, en las
posicionesapolíticas (que mejor llamaríamos antipolíticas) adoptadas por
el Congreso. Diez días mástarde, un raquítico congreso, que no contaba
más de 17 delegados, fundaba el PartidoComunista de Cuba. Sus miembros
fundadores eran, como dice Fabio Grobart, «marxistasde corazón», pero,
como durante muchos años habían compartido la ideología anarquista,no
dejaron de manifestar a veces (como los fundadores del PC del Brasil)
eseinconformismo crítico que tanto diferencia a los anarquistas de los
marxistas-leninistas, yque el propio Marx había considerado como la más
valiosa cualidad de un socialista. Poreso recién en 1936 el Partido
Comunista cubano pudo elaborar un programa.
En esemismo año de 1925 se inició el gobierno de Gerardo Machado, que, como muchos otros en
América
Latina, se caracterizó por la represión antiobrera y la defensa de los
intereses norteamericanos. La Confederación Nacional, la Federación
Obrera de La Habana ymuchos de sus dirigentes anarcosindicalistas fueron
perseguidos con saña. Enrique Varonay Alfredo López, dos de los más
activos y combativos militantes, fueron asesinados; otrosmuchos cayeron
presos o tuvieron que exiliarse. Esta circunstancia fue muy
bienaprovechada por los comunistas, que lograron conquistar posiciones
importantes en laConfederación y, cinco años más tarde, a través de
Rubén Martínez Villena y otros, yaejercían una fuerte influencia en las
organizaciones obreras, aunque sin haber logradodesplazar todavía del
todo a los anarcosindicalistas. En 1931 había en Cuba, comoconsecuencia
de la crisis, una enorme desocupación y un gran malestar social,
queafectaba a todas las clases sociales, pero particularmente a los
trabajadores. Las huelgasno tardaron en estallar. El 29 de enero el
Sindicato de Viveristas (pescadores queconservaban la pesca viva en
barcos con fondo perforado), uno de los baluartes delanarcosindicalismo,
declaró la huelga contra las agotadoras jornadas de trabajo
impuestaspor los patronos de las embarcaciones y reivindicó la acción
directa como única arma delas luchas proletaria. La huelga, apoyada por
la FOH, «duró más de siete meses y fuela primera que históricamente
desafió la amenaza de Machado de que ninguna huelgaduraría más de 24
horas». Una tángana de estudiantes y jóvenes trabajadores anarquistas,
el 5 de marzo, en Santiago de Cuba, culminó con la tortura y muerte de
unode ellos, Alfredo Rodríguez, el españolito. Fidel Miró, que
pertenecía al grupo libertario delcafé La Nuviola y que años más tarde
actuaría en las Juventudes Libertarias de Barcelona,pudo huir a Jamaica.
Una huelga importante de aquel año 1931 fue la que,
el 30 dejulio, declaró el Gremio de Conductores y Motoristas de la
Havana Electric ante lapretensión de ésta de rebajar los salarios. La
lucha, que paralizó el transporte urbanodurante un mes y medio, fue
conducida por los anarcosindicalistas, muchos de los cuales,como Ramón
Pérez Anglada, Manuel Fonteboa y Graciano Lipis, acabaron en la
cárcel.Una huelga parcial, «espontánea y sin líderes», iniciada a fines
de julio de 1933, y prontoconvertida en huelga general, representó el
principio del fin de la dictadura de Machado.Los comunistas, que a esta
altura eran aliados de Machado, intentaron el 7 de agostofrenar la
huelga, al contrario de los anarquistas que la alentaron y se sumaron a
elladesde el principio. En colaboración con el coronel Caballero,
gobernador militar, sededicaron los comunistas a fijar carteles en toda
La Habana, exhortando a lostrabajadores a retornar al trabajo.
Afortunadamente esta exhortación fracasó así como lareunión que habían
convocado en la Artística Gallega el día 9, con el propósito de
explicarsu actitud contrarrevolucionaria. Los anarquistas de las
Federaciones Habaneras, queactuaban clandestinamente, denunciaron estos
hechos en un Primer Manifiesto. El día 12 los comunistas habían
fracasado ya totalmente «y años más tarde, reescribiendo lahistoria,
excomulgaron temporalmente a César Vilar y su pandilla, acusándolos
de'aventurerismo' como si Vilar hubiera podido obrar por su cuenta, en
momentos tandramáticos y no con el consentimiento del Comité Central,
como fue y es regla sacrosantaentre los comunistas». El valor y la
decidida actitud de los anarquistas fue, sin duda,aunque la mayoría de
los historiadores lo ignoren o lo callen, «uno de los factores
másimportantes en aquel revolucionario día 12 de agosto de 1933».Machado
se vio obligado a renunciar por la oposición de los partidos políticos,
de losestudiantes, de los obreros y del pueblo todo. El enviado
norteamericano Sumner Wells,representante personal del presidente
Roosevelt, convertido en gran elector, impusoentonces como presidente de
Cuba a Carlos Manuel Céspedes. Este duró 21 días en sucargo. El
Directorio Estudiantil, los radicales del ABC, los sargentos,
encabezados ya porFulgencio Batista, y La Semana, periódico de Sergio
Carbó, rechazaron la decisión delárbitro yanqui. Céspedes tuvo que irse
el 4 de septiembre y en su lugar se instaló ungobierno colegiado de
cinco miembros, denominado la «Pentarquía», que incluía al Dr.
Grau San Martín. Una de las primeras medidas del nuevo gobierno fue denunciar laEnmienda PIatt
El
28 de agosto de 1933 la «Federación de Grupos Anarquistas de Cuba»
publicó unmanifiesto, dirigido a todos los trabajadores del país, en el
cual reafirmaba la actitud deradical oposición al Machadato y denunciaba
al mismo tiempo la actitud de los comunistasen los recientes
acontecimientos y en la huelga general contra la dictadura. Acusaba a
losdirigentes del PC y de la CNOC, y particularmente a César Vilar,
Vicente Álvarez Rubio,Joaquín Fau, Francisco González, Jesús Vázquez,
Pedro Berges y Ordoqui (el Bizco) decomplicidad con el Carnicero de Las
Villas, por haberse comprometido con éste, a cambiode una serie de
concesiones (el reconocimiento del PC y de Defensa Obrera
Internacional,la dirección del Campamento General Machado, etc.), a
lograr que los obreros volvieran altrabajo y se reiniciara el
funcionamiento del transporte público. Pero, a pesar de que elComité
Central (comunista) «arengó nerviosamente y con ímpetus impositivos a la
masareunida, para imponerle volver al trabajo», el discurso «repulsivo y
autoritario de los Vilar,Ordoqui y demás trabajadores del proletariado
organizado no tuvo aceptación» y fuefelizmente desoído
En
el cuarto Congreso de la Confederación Nacional Obrera,realizado en
diciembre de 1933, los comunistas se impusieron ya sobre la
mayoríaanarcosindicalista y sobre la minoría trotskista, nombraron
secretario generalprecisamente a César Vilar, decidieron la adhesión a
la Internacional Sindical y a laConfederación Sindical Latinoamericana
(CSLA).En marzo de 1935 los anarquistas cubanos participaron en la
huelga general contra lanueva dictadura de Batista y Mendieta, a la cual
se habían opuesto el Partido Comunista yla Confederación Nacional
Obrera por éste dominada. La huelga fue aplastada, losmilitares se
hicieron cargo del poder, se implantó el estado de guerra, los
sindicatosfueron clausurados, se acabó con la autonomía universitaria y
millares de maestros yobreros fueron encarcelados.Cuando los militares
fascistas se levantaron en España contra la República, muchosanarquistas
cubanos fueron a pelear en las filas de la CNT-FAI, junto a sus
compañeros deArgentina, Uruguay, México, etc.En enero de 1939 se fundó
la Confederación de Trabajadores de Cuba (CTC), por obradel Partido
Comunista, que encomendó su dirección a Lázaro Peña. Había allí, sin
duda,muchos militantes anarcosindicalistas, y aun cuando los comunistas
predominaron desdeel momento mismo de la fundación, aquellos seguían
siendo mayoría en varios sindicatos,como en el de los gastronómicos de
Santiago.Los anarquistas, organizados en el Movimiento Libertario
Cubano, lucharon junto aotros grupos socialistas y democráticos contra
la dictadura de Fulgencio Batista y elaboraron un programa que postulaba
la reforma agraria en régimen de autogestión, laautonomía total de los
municipios, la industrialización a través de las asociaciones
obreras,etc. Ya bajo el régimen de Castro, en junio de 1960, la
Agrupación Sindicalista Libertaria advertía el peligro de que la
revolución se desvirtuase y sostenía que ésta «no es de nadieen
particular, sino de todo el pueblo en general». Y añadía, definiendo con
claridad lasposiciones anarquistas frente a la ya declarada ideología
marxista-leninista del gobierno:«Apoyaremos, como lo hemos hecho hasta
ahora, todas las medidas revolucionarias quetiendan a resolver los
viejos males que nos aquejan, pero lucharemos también sindescanso contra
las tendencias autoritarias que brillen en el seno mismo de la
Revolución»
VENEZUELA
La incidencia anarquista en la historia
venezolana ha sido menos marcada que en otros lugares de Latinoamérica,
donde se manifiesta vigorosamente a través de luchas colectivas,
publicaciones, personajes y debate de ideas. Sin embargo, merece
evocarse pues no ha dejado de tener influencia en nuestra evolución
social y cultural.
Del Siglo
XIX al primer tercio del XX, algunos intelectuales locales fueron
simpatizantes o lectores tolerantes del anarquismo, pero sin nada
parecido a un Flores Magón, Barret, Oiticica, González Prada u otros de
sus exponentes conocidos en el pensamiento continental [Cappelletti
1990]. Los pocos que exploraron la senda libertaria apenas dejaron
referencia escrita y luego optaron por el positivismo o el marxismo;
sólo valdría mencionar a Pío Tamayo, que en la cárcel instruyó a jóvenes
luchadores antigomecistas en el “socialismo de Bakunin y Marx”, hasta
poco antes de morir en 1936 [Sananes 1987]. Considerando las luchas
populares, historiadores de la Guerra Federal (1859/1863) -la mayor
conmoción social en Venezuela entre la Independencia y la era petrolera-
destacan la influencia que tuvieron Proudhon y el socialismo francés en
Ezequiel Zamora, el General del Pueblo Soberano. El programa del
federalismo zamorista es claro: “…horror a la oligarquía, libertad de
hombres y tierras, igualación social”, expresando una intención radical
que sólo se pudo detener con su asesinato [Brito Figueroa 1981].
A
comienzos del Siglo XX, emigrantes anarcosindicalistas europeos
contribuyeron a que la organización obrera asomara pese al atraso
económico, social y cultural [Rodríguez 1993]. Esos esfuerzos -formación
de mutuales y gremios, huelgas, propaganda, etc.- fueron algo más
notorios al iniciarse la industria petrolera, pero la dictadura de Juan
Vicente Gómez (1908/1935) persiguió con saña toda actividad sindical,
impidiéndole desarrollarse como en otras latitudes. Los escasos y
acosados militantes sociales dentro del país intentaban con muchas
dificultades hacerse de un pensamiento político, mientras la mayoría del
exilio antigomecista era ajeno a influencias radicales. Entre la
minoría, el atractivo en expansión del bolchevismo ruso resultó
demasiado fuerte para que el anarquismo ganase adeptos. Cuando esa
fracción marxista regresó tras la muerte del tirano, ocupó totalmente el
campo de la izquierda, absorbiendo al puñado de lectores y discípulos
clandestinos del ideal libertario, que estuvieron incluso entre los
fundadores del Partido Comunista de Venezuela (1936) y Acción
Democrática (1941), partidos que controlaron el proceso de organización
política de masas en el período posterior. Adicionalmente, la represión
anti-anarquista tenía rango constitucional y se instrumentó en la
llamada “Ley Lara”, vigente entre 1936/1945.
Sin
embargo la actividad e influencia Anarquista en principio de siglo XX no
paso sin dejar su huella, ya que aunque, las primeras huelgas de las
primeras organizaciones sindicales venezolanas
fueron impulsadas por una vanguardia obrera cuya ideología no se ha
podido todavía esclarecer a través de la documentación existente.
Mientras en otros países de América Latina las luchas sociales de
principios de siglos fueron orientadas por la socialdemocracia y,
fundamentalmente, por el movimiento anarquista, en Venezuela no se ha
podido comprobar el grado de influencia de estas tendencias ideológicas.
Sin embargo, algunos indicios permiten adelantar, como hipótesis de
trabajo, una cierta influencia del anarquismo en los primeros organismos
sindicales venezolanos. Pérez Salinas anota que a raíz de la represión
de las huelgas españolas de 1917, llegó a Venezuela un sector de
trabajadores anarquistas: "Huyendo de la represión desatada llegaron a
la zona del Caribe grupos de anarco-sindicalistas y de socialistas
españoles...Los que llegaron a Venezuela se dedicaron al trabajo, pero
también a la siembra de la simiente, a la propagación de la idea
sindical, de acuerdo a sus correspondientes filosofías, predominando la
del anarco-sindicalismo.
Un profundo conocedor de la historia
del movimiento obrero, Rodolfo Quintero, ha entregado, asimismo
valiosos antecedentes para el esclarecimiento de la ideología
proletaria de las primeras décadas del presente siglo: "Los rasgos
anarquistas del Período inicial, apreciables en formulaciones,
objetivos y tácticas de la época es la primera de las cuestiones. El
predominio del taller artesanal y la pequeña manufactura, las prédicas y
gestiones de anarcosindicalistas europeas, españoles e italianos
principalmente" que vinieron a trabajar en las construcciones iniciales
durante el gobierno de Gómez. "Entre éstos - continúa Quintero -
vinieron militantes de organizaciones anarquistas, particularmente de
la Confederación Nacional del Trabajo (CNT española) fundada en 1910.
En una entrevista hecha por el periódico Compañero a un viejo dirigente
sindical venezolano también se aportan otros antecedentes de la
influencia anarquista: "En este país no habían mano de obra calificada y
ya en este siglo, cuando Juan Vicente Gómez se fue a Maracay y empezó a
hacer construcciones empezó a venirse una gran cantidad de obreros
italianos y españoles, en una época que abunda en el anarquismo. Con
esta gente que contrató Gómez se vino una gran cantidad de anarquistas,
quienes sembraron aquí la idea de la lucha obrera... Yo recuerdo, ya
para los años 27 y 28, época de las luchas estudiantiles, que todavía
existían muchos anarcosindicalistas. Ellos, subestimaban el partido
político y le daban fundamentalmente importancia al sindicato.
Consideraban que el sindicato era la fuerza definitiva para la
transformación de la sociedad y que la revolución tenía que
fundamentarse en una huelga general que desquiciaría la actual sociedad y
que necesariamente convertiría a la clase obrera en el elemento
determinante de la dinámica social. Ellos predicaban esto e impulsaron
organizaciones de las más antiguas, como la de zapateros, albañiles y
algunos grupos gráficos que nacieron bajo el signo anarcosindicalista.
Recuerdo que existía un compañero que se llamaba Antón, que era
zapatero, que se reunía clandestinamente con quienes estábamos ligados
al movimiento obrero. Con él aprendimos las primeras nociones de lo que
era un sindicato y de cuál era la finalidad del sindicato. Los
anarcosindicalistas fueron los que enseñaron a los intelectuales las
primeras cosas referentes a los sindicatos"
Los anarquistas
también contribuyeron a la organización de las primeras organizaciones
del proletariado petrolero. Un viejo obrero de este Gremio, Raúl
Henriquez Estrella, recordaba en un articulo haber recibido orientación
anarquista: En 1930, "mis actividades políticas y sindicales se
desarrollaron más o menos así: el español José Fernández, tornero en el
Táller Mecánico, marxista-anarco sindical en España, me conquistó con
sus ideas clasistas"
La influencia anarquista se hizo
manifiesta hasta 1936. Rodolfo Quintero sostiene que, además de los
petroleros, ese año "otros sectores de trabajadores se organizan
igualmente en sindicatos, impresionados sus dirigentes por el nombre
manejado con anterioridad en los cursillos y las reuniones
semiclandestinas donde participaban anarcosindicalistas españoles". Al
igual que el resto del mundo especialmente los anarquistas confrontaron a
los caudillos criollos que por la documentacion existente tenian al
Anarquismo como un peligroso enemigo, asi en la Terrible Ley Lara
podemos observar lo siguiente: "El capítulo III, "De las huelgas en
relación con el orden público",
prohibía las huelgas con fines políticos, las huelgas generales o paros
generales y las huelgas de funcionarios o empleados públicos, con
penas que oscilaban entre 1 y 6 años de prisión. En el capítulo IV,
titulado "De la propaganda política ilegal" destacaban los artículos 33
y 37. El primero expresaba lo siguiente: "El que verbalmente, por
escrito o por impresos, por medio de difusión, dibujos, carteles,
mítines u otros medios de publicidad, o haciendo uso de algún servicio
público, haga propaganda de las doctrinas o métodos comunistas,
anarquistas, nihilistas o terroristas, o de aquellos que por su
afinidad o sus medios de acción se equiparen a éstas, serán penados con
prisión de 1 a 3 años". Esta ley que claramente menciona al Anarquismo
como tendencia muestra que las autoridades Venezolanas conocian de las
actividades anarquistas.
En
los años 40 y 50 llegaron muchos exilados anarquistas ibéricos, que
afrontaron no sólo el peso de la derrota en la Guerra Civil Española,
sino un medio adoptivo donde sus ideas eran vistas como extrañas. La
perentoria necesidad de subsistir y tener que adecuarse al ambiente de
cerril autoritarismo fueron obstáculos adicionales para dificultar la
organización de potenciales simpatizantes criollos; sin embargo, se
hicieron esfuerzos palpables, particularmente tras 1958 al finalizar 10
años de dictadura militar, cuando se estableció la Federación Obrera
Regional Venezolana (FORVE) -afiliada a la Asociación Internacional de
Trabajadores (AIT-IWA), agrupación mundial anarcosindicalista fundada en
1922-, se formaron algunos grupos específicos, se editaron
publicaciones periódicas, folletos y libros, pero poco de esta actividad
trascendió fuera de los círculos más concientizados de emigrantes
peninsulares [Montes De Oca 2008].
La
oleada de impugnación sociopolítica que se vivió mundialmente a fines
de los años 60 -especialmente el mayo francés de 1968 con su indudable
raíz libertaria- también llegó al país. Su huella fue evidente en la
Renovación Universitaria que conmocionó a las principales instituciones
de Educación Superior entre 1968 y 1970, para mantenerse presente en
movimientos estudiantiles y de cultura alternativa posteriores. Sin
embargo, salvo la menguante presencia de los veteranos españoles,
pasarán años para que existan agrupaciones que se identifiquen con el
ideal y la práctica anarquista, pues en los 70 el marxismo aún se
consideraba soporte ideológico insustituible de cualquier propuesta
revolucionaria en Venezuela.
Entre
1980 y 1995 emergieron intentos de organización cabalmente anarquistas
buscando conectarse con luchas y movimientos sociales, siendo el
Colectivo Autogestionario Libertario (CAL) el más visible. Se editaron
El Libertario -9 números entre 1985 y 1987, a cargo del CAL- y Correo A
-28 números entre 1987 y 1995-, periódicos que fueron referencia y punto
de reunión para algunos activistas, donde hubo quienes venían del
marxismo, exilados ácratas latinoamericanos, y, principalmente, jóvenes
que llegaban al anarquismo desde la escena punk. También se hizo notar
la actividad académica y divulgativa de Ángel Cappelletti, anarquista
argentino que laboró en Venezuela por 26 años [Méndez y Vallota 2001].
Pese a las dificultades para hacer comprender e impulsar propuestas
anarquistas de autogestión y acción directa en un medio donde era casi
absoluto su desconocimiento o mala interpretación, poco a poco se
despejaron caminos para llegar a diversos ámbitos donde se expresaban
iniciativas afines. Además, ocurrió el estallido popular del 27/02/1989,
“El Caracazo”, que junto a otros eventos nacionales (en especial, la
crisis del rentismo petrolero y del modelo político establecido en 1958)
e internacionales (como el derrumbe de las burocracias del Este de
Europa), abrieron espacios para propagar el ideal libertario.